Isaac Peral: El genio que cambió la historia (y los secretos que probablemente no conocías)
Como historiador y apasionado de nuestro patrimonio naval, me resulta doloroso constatar cómo la memoria de Isaac Peral ha sido a menudo maltratada por la misma nación a la que intentó encumbrar. El marino cartagenero no fue solo el inventor que resolvió el desafío de la navegación submarina; fue un visionario cuya genialidad técnica fue sofocada por la envidia y la miopía política de su época. Desde un infortunado accidente en Filipinas que alteró su vida para siempre hasta el reconocimiento internacional que recibió en su lecho de muerte, la vida de Peral es un drama de proporciones quijotescas. Fue un hombre que, mientras era ignorado por su propio gobierno, despertaba la admiración de emperadores y científicos en todo el mundo.
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1. El enigma del perfil derecho: Una cicatriz que marcó su vida
A menudo, los grandes giros de la historia nacen de incidentes triviales. Durante su mando en el cañonero Caviteño en Mindanao, Filipinas, un barbero le cortó accidentalmente una verruga que Peral tenía en la sien izquierda. Lo que comenzó como una herida menor derivó en una infección crónica y, finalmente, en un carcinoma devastador que no solo le costaría la vida, sino que le provocó ceguera en el ojo izquierdo. Este calvario personal marcó su imagen pública: acomplejado por las secuelas y los apósitos, Peral prohibió ser retratado de frente o por su perfil siniestro.
«Todas las fotos que ustedes van a ver de Isaac Peral, todas a partir de ese momento es mostrando el lado derecho de su cara… se negaba a ponerse de frente ni o sea y mucho menos de la izquierda… El lado izquierdo siempre lo llevaba oculto.»
2. El «Profundo Isaac» y el apoyo secreto de una Reina
Apodado «el profundo Isaac» por sus compañeros debido a su dominio casi místico de las matemáticas y la física, Peral habitaba una realidad técnica que pocos comprendían. Existe una ironía histórica fascinante: la primera edición de 20.000 leguas de viaje submarino de Julio Verne se editó en España debido a la censura de guerra en Francia. El país que leyó primero la fantasía del Nautilus fue el mismo que intentó destruir la realidad del submarino de Peral. Mientras el presidente Cánovas del Castillo despreciaba el proyecto, la Reina María Cristina se convirtió en su aliada silenciosa, enviando a su ayudante personal, el capitán de fragata Armero Urreta, para obtener información directa y saltarse una burocracia que tardaba diez días en mover un papel.
«Ya tenemos aquí un Quijote que ha debido perder el seso leyendo la novela de Julio Verne.»
3. Del engranaje del submarino al logotipo de Citroën
Como divulgador tecnológico, es vital subrayar la pérdida de propiedad industrial que sufrió España tras el abandono del proyecto. El submarino Peral utilizaba un revolucionario sistema de doble hélice de inversión, un mecanismo de precisión que garantizaba la estabilidad del buque en inmersión. Tras el desmantelamiento de la nave, este diseño técnico fue aprovechado y patentado por la casa francesa Citroën. El icónico logotipo de los «chevrones» no es otra cosa que la representación esquemática de los engranajes que Peral ya empleaba a finales del siglo XIX. Es una amarga reflexión sobre cómo el talento nacional terminó alimentando la identidad de una de las mayores empresas de automoción del mundo.
4. El padre de la energía en España: De la Basílica del Pilar a Endesa
Tras abandonar la Armada, Peral demostró ser el verdadero padre de la ingeniería eléctrica civil en España. Un hito fundamental fue la electrificación de la Basílica del Pilar en Zaragoza. No fue un simple encargo; Peral instaló la iluminación para eliminar el olor a petróleo y el hollín de las velas, movido por la gratitud hacia una imagen de la Virgen que lo había acompañado en las pruebas de mar. Además, fundó la «Electroperal Zaragozana», aprovechando los saltos de agua del río Ebro. Esta empresa fue el germen directo de lo que hoy conocemos como Endesa, demostrando que su visión iba mucho más allá de las profundidades marinas.
«Esta imagen [la Virgen del Pilar] ocupará en el barco preferente lugar, guardará nuestros pasos y fortalecerá nuestro espíritu cuando empresa tan nueva y no exenta de riesgo se trata de acometer.»
5. El arresto por ir a la ópera y la vergüenza internacional
La mezquindad administrativa alcanzó su cota más alta cuando Peral fue arrestado por asistir a la ópera Carmen en el Teatro Real de Madrid. El Ministro de Marina, molesto por los vítores que el pueblo dedicaba al inventor en el teatro, alegó un «defecto de forma» en su permiso de viaje a París. Peral acabó en el penal de Cuatro Torres por un permiso que era verbal y no escrito. El contraste con el extranjero es humillante para nuestra historia: mientras España lo arrestaba, el Kaiser Guillermo II de Alemania enviaba a su ayudante personal diariamente a la clínica en Berlín para conocer el estado de salud del genio español durante su última intervención quirúrgica.
6. La tragedia del olvido: 39 años sirviendo de «letrina»
Quizás el episodio más desgarrador de nuestra historia naval sea el destino del casco del submarino en el Arsenal de la Carraca. Abandonado durante 39 años, una de las máquinas más avanzadas de la humanidad sufrió una «cesárea» técnica —un corte brutal en el acero— para extraer maquinaria que no cabía por la escotilla. En un acto de degradación absoluta, el submarino terminó siendo utilizado como retrete por los operarios del arsenal. Fue en este periodo de hostigamiento cuando Peral publicó su famoso «Manifiesto» en el periódico El Matute, donde, ya fuera de la Armada, denunció sin tapujos las intrigas que habían hundido su proyecto.
«Aprovechando que había una cesárea abierta, a partir de ahí… fue el retrete de los obreros del Arsenal de la Carraca… que tenga ganas de ir al aseo, pues aquí mismo, tío. ¿Para qué vas a buscar un árbol… aquí mismo?»
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Conclusión: Un legado que se niega a hundirse
Isaac Peral falleció en Berlín, apenas una semana antes de cumplir los 44 años, víctima del cáncer y del desprecio oficial. Ha sido necesaria casi una centuria, desde que la prensa de 1930 empezara a reclamarlo, para que su casa natal en Cartagena se convierta finalmente en el museo que merece su memoria. Su viuda, Carmen Cencio, quien vivió hasta los 86 años custodiando su legado, aceptó el traslado de sus restos a Cartagena con una frase que hoy, ante la inminente inauguración de su museo, cobra más fuerza que nunca:
«Tengo la plena seguridad de que en su ciudad natal siempre va a haber una flor para su tumba y una oración para su alma.»
Al cerrar esta crónica, nos queda una pregunta que todo español debería hacerse: ¿Cuántos futuros hemos perdido por permitir que la envidia y la burocracia silencien a nuestros mejores hombres? La historia de Peral es la historia de una victoria tecnológica que fue derrotada en los despachos, un recordatorio de que el patrimonio de una nación no son solo sus barcos, sino el respeto que profesa a sus genios.